Diseno sin titulo 7
la isla del tesoro 43
Portada La Isla del Tesoro.

Lo recibió el mundo en el otoño de 1850, el 13 de noviembre para ponerle fecha precisa a un
pasado evanescente. Nació en Edimburgo, Escocia. En la época de su nacimiento, las calles
estaban llenas de mendigos, prostitutas, y mucho mundo que identificaba los paisajes
escoceses. Fue primogénito, y único hijo. Su padre, Thomas, era abogado e ingeniero en
náutico. Sus autores esperaban que siguiera la carrera del padre. Pero Robert quería contar
historias con retobada voluntad. Mostró sus intereses literarios desde temprana edad.
Publicó su primera obra a los 16 años, aun perteneciendo al capullo de la vida, pero con gran
avidez de vuelo. Constaba de 22 premonitorias páginas, y su padre invirtió en la edición de
cien ejemplares.
Robert intentó estudiar ingeniería, pero abandonó rápidamente. Le gustaban otras cosas, era
bohemio. Empezó a frecuentar tertulias progresistas. Se cambio a leyes. Ahí comenzó su
enfermedad: tuberculosis, a los 23. En esos tiempos representaba una muerte segura más
temprano que tarde. Se licenció en 1875, sin ejercer jamás en los años venideros. Viajaba
aproximadamente seis meses al año, preferentemente a Francia. Navegó los ríos franceses, y
conoció lo que el mundo tenía para mostrarle. Francia se convierte en su segunda residencia.
En 1876, Stevenson conoce al amor de su vida: Fanny Osbourne, una hermosa dama
norteamericana; era diez años mayor que él, tenía dos hijos y estaba en pleno divorcio.
Los padres de Robert se enfurecieron, amenazaron a Robert con desheredarlo si continuaba
con sus caprichos, pero Stevenson dijo que Fanny era la mujer de su vida, y que su futuro
juntos era inexorable. Ella se fue a California, a continuar con el divorcio. Stevenson volvió a
Escocia para intentar convencer a sus padres. No lo logró, y optó por el amor. En 1879 se
embarcó hacia Estados Unidos. Atravesó todo el país en busca de Fanny, con una dirección
incierta, pero con voluntad infante. La encuentra en California, ya divorciada. Fanny lo cuida
durante su recuperación.
Stevenson toma notas para futuros libros, la experiencia norteamericana le llama mucho la
atención.
En marzo de 1880 se casan, y pasan la luna de miel en una cabaña vieja, casi en la pobreza,
en una feliz austeridad.
En agosto de 1881 viajan a Escocia, y se instalan allá. Stevenson comienza su carrera
creativa. Lloyd Osbourne, el hijo de su esposa y Robert, eran muy cómplices, incluso jugaban
juntos, Stevenson tenía un espíritu infantil que le venía muy bien.
Lloyd le pide a su nuevo padre que escriba una buena novela para él. Robert había ensayado,
pero nada más hasta el momento. Le preguntó qué era una buena novela. Lloyd respondió
que debía tener barcos, soldados, aventureros, piratas, un chico como él y ausencia de
mujeres. Así nació “La isla del tesoro”, se publicó por entregas, en “folletines semanales”
durante dos años hasta concretarse.
Un loro, el mar, lealtad de amigos, Jim (Lloyd Osbourne), tenía de todo un poco. Fue todo un
éxito, se vendieron miles de ejemplares en pocas semanas. Robert logró independizarse
económicamente. Comenzó a crear sin presiones. En 1885, crea el poemario “Jardín de
versos para niños”. En ese año, la enfermedad de la tuberculosis se agravó.
Una noche de invierno de 1885, Stevenson tenía fiebre, la frente le ardía, y soñó con dos
personajes muy peculiares, Jekyll, ávido de progreso, y ciencia, dispuesto a experimentar
incluso con su cuerpo para curar la enfermedad que lo avasallaba; y luego Hyde, el estado
alterado de la conciencia humana, lo peor del hombre, la desidia y la maldad.
Al día siguiente, Robert saltó al papel, lo hizo en 60 mil palabras. La realidad es que el
manuscrito original se perdió. Se configuraron varias versiones, entre ellas, que lo mostró a
su esposa y ella le dijo que era una pésima ejecución y muy autobiográfico, por lo que lo
quemó en un arrebato de ira. Otra versión dice que la esposa descubrió el escrito y tras
leerlo, horrorizada, lo quemó sin vacilar.
Lo que sucedió luego fue más increíble aún. En tres días, Robert volvió a escribir el libro.
Contra la tuberculosis, el dolor y el tiempo, consagró la gran obra inmortal. Apareció en
enero de 1886, vendió 250 mil ejemplares en pocas semanas.
En Edimburgo se puede ver y recorrer la ruta de Jekyll y Hyde. Stevenson también escribió
obras de temáticas sociales, que fueron muy bien valoradas. Comenzó a perder la salud y se
fue a la Polinesia con su familia. A Samoa, particularmente, su último paisaje. En 1889 se
publica “El señor de Ballantrae”. En 1890 se instala en Samoa, en una casa llamada “Entre
Ríos”.
“Durante catorce años no he conocido un solo día efectivo de salud. He escrito con
hemorragias, he escrito enfermo, entre estertores de tos, he escrito con la cabeza dando
tumbos” escribió Stevenson en una carta, en su lecho de muerte.
El 3 de diciembre de 1894, a los 44 años, y con más de 40 títulos en las manos del mundo,
murió. “Viví alegremente, y alegremente muero” dijo antes de irse, hizo grandes amigos
samoanos. Ellos le decían Tusitala “el contador de historias”. Lo logró. “Aquí yace el Tusitala,
el que contó historias” escribieron los samoanos en su tumba.

Martin B. Campos

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